Deodoro Roca (Córdoba, 02/07/1890 – 07/06/1942) fue un intelectual, abogado, ensayista, periodista, artista plástico, político, docente y militante universitario

El filósofo español José Ortega y Gasset lo consideró como “el argentino más eminente de los que había conocido”, mientras que, para el escritor argentino, Ezequiel Martínez Estrada fue “el escritor político argentino más importante del siglo XX”.

El Dr. Horacio Sanguinetti, quien fuera Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires durante 23 años, entre 1983 y 2007, manifestó en el año 2003: “Han pasado muchos años desde la muerte de este argentino singular. El devenir de las generaciones, la “alienación” contemporánea y ciertas quiebras con el pasado, desdibujaron insensiblemente su recuerdo. Pero, decantando pasiones circunstanciales, debemos a Deodoro Roca un espacio en nuestra memoria colectiva, por razón de justicia, y sobre todo –sobre todo-, por propio decoro”.

Estudió el secundario en el Colegio Nacional de Monserrat de Córdoba.

En la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, egresa con el título de Doctor, tras defender una tesis titulada Monroe-Drago-ABC (1915). La tesis, es una crítica del panamericanismo enfocada desde el derecho internacional, es saludada por José Ingenieros desde las páginas de Revista de Filosofía.

Durante sus años universitarios rápidamente se destacó como líder estudiantil. Se opuso al modelo educativo elitista y clerical que dominaba la institución. Creía que la universidad debía estar al servicio de la sociedad y no de pequeños grupos privilegiados.

Figura central de la Reforma Universitaria de 1918, redactor del célebre documento “Manifiesto Liminar”. El movimiento reformista reclamaba, entre otros temas: Autonomía universitaria frente al poder político y religioso; Cogobierno de estudiantes, graduados y profesores; libertad de cátedra; Concursos docentes abiertos, democráticos, renovados periódicamente, reemplazando los cargos vitalicios; extensión universitaria al servicio del pueblo y libre elección del juramento al graduarse.

El Manifiesto, cargado de pasión y espíritu revolucionario, comenzaba con la frase: “Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”.

Su pensamiento y la Reforma Universitaria se expandieron rápidamente por toda América Latina, inspirando procesos similares en países como Perú, México, Cuba y Chile, transformando para siempre la educación superior en la región. Sus principios de democracia, autonomía y extensión social, sigue siendo, en la actualidad, un legado que demuestra la vigencia de sus ideas. Los acontecimientos ocurridos en el Mayo Francés, cincuenta años después, fueron una réplica de aquel terremoto cordobés de 1918.

En sus escritos y en su accionar se rastrean valores como: la Libertad de pensamiento, ya que defendía la educación sin dogmas, con espíritu crítico y abierto; la Igualdad, al luchar contra los privilegios de una universidad elitista, buscando un acceso más justo y democrático, y por sobre todas las cosas, promovió la Fraternidad y Solidaridad entre estudiantes, trabajadores e intelectuales, convencido de que el conocimiento debía ponerse al servicio del pueblo.

A mediados de 1916 junto a otros jóvenes aliadófilos de la primera guerra mundial, surge el Comité “Córdoba Libre” Grupo que estrechará relaciones con Alfredo L. Palacios.

En 1917 Deodoro es designado director del Museo Provincial Sobremonte. Ante su enérgica protesta ante la represión policial a una huelga estudiantil, en enero de 1919, es dejado cesante de su cargo.

Con el apoyo del estudiantado reformista, en octubre de 1918 es nombrado profesor titular de Filosofía General en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, casa de estudios en la que también se desempeñó como consejero.

En 1925 crea la filial Córdoba de la “Unión Latinoamericana (ULU)”, creada en Buenos Aires ese mismo año por José Ingenieros, que buscaba la integración de los pueblos del continente bajo los ideales de justicia y emancipación.

El 29 de agosto de 1927 pronuncia un emotivo discurso en un acto en Córdoba de repudio a la ejecución en los EEUU de los obreros anarquistas Sacco y Vanzetti.

Firme opositor al golpe militar de septiembre de 1930, mantiene a través de las páginas del diario “El País” una dura polémica con Leopoldo Lugones, quien en 1918 había apoyado la Reforma Universitaria y ahora simpatizaba con la dictadura cívico-militar del Gral. José Félix Uriburu.

En 1931 “Deodoro”, a secas, como se lo llamó coloquialmente, es candidato a intendente de la Ciudad de Córdoba por la Alianza Civil (PS-PDP), incorporándose al Partido Socialista, adhiriendo al “ala izquierda”, motivo por el cual es expulsado por la dirección partidaria en 1937.

Con motivo de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, echó las bases, en abril de 1935, del Comité Pro Paz y Libertad de América, cuyo programa consistía en la “defensa de las libertades democráticas en el Continente, por su liberación del imperialismo y por su pacificación definitiva”.

En el campo jurídico se destacó por la defensa de presos políticos y perseguidos, promoviendo la creación del Comité Pro Exiliados y Presos Políticos de América (1935) y luego la organización que le sucedió: la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), precursora de las organizaciones de derechos humanos en el país.

También participó de la creación de la filial cordobesa de la “Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores” (AIAPE), del “Comité Contra el Racismo y el Antisemitismo” y del “Comité de Ayuda a la España Republicana”.

Fue director de la revista “Flecha” que comenzó a editarse en 1935 en la ciudad de Córdoba. Tuvo una corta vida de dos años con 17 números publicados. La misma tenía formato de un diario y se presentaba como “periódico de izquierda” y como organismo de prensa del Comité Pro Paz y Libertad de América.

En 1939 funda “Las Comunas” (Córdoba, 1939-1940), revista de política comunal y urbanística para la ciudad de Córdoba.

Desarrolló una intensa actividad periodística tanto en “Flecha”, “Las comunas” y en diarios de su provincia como El País, La Voz del Interior y Córdoba, medios en los que difundió gran parte de su obra y pensamiento.

Sus escritos no fueron publicados en formato de libros durante su vida. Una gran parte de esos textos: manifiestos, proclamas, polémicas, homenajes, artículos periodísticos, críticas literarias, piezas de reflexión, etc, han llegado hasta nuestros días gracias al trabajo solitario de sus amigos quienes recopilaron parte de su obra siendo reunidos póstumamente en los siguientes libros, que aún permanecen en vigencia, como: “Las obras y los días” (Santiago Monserrat, 1945), “El difícil tiempo nuevo” (Gregorio Bermann, 1956), “Ciencias, maestros y universidades” (Horacio Sanguinetti, 1959), “El drama social de la universidad” (Gregorio Bermann, 1969), “Prohibido prohibir” (Horacio Sanguinetti, 1972), “Deodoro Roca, el hereje” (Néstor Kohan, 1999), “La trayectoria de una flecha. Las obras y los días de Deodoro Roca”, (Horacio Sanguinetti, 2003), “Reformismo y antiimperialismo”, (Hugo Biagini, 2006), “Escritos sobre la Universidad”, (Diego Taitián, 2007), “La más perfecta libertad”, (Horacio Sanguinetti, 2008).

La Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, entre los años 2008 y 2012, recopiló gran parte su obra en cuatro tomos. Se trata de una edición cuyo propósito es el de una búsqueda exhaustiva de artículos reuniendo textos editados e inéditos bajo un criterio y una organización temática.

En el primer tomo “Cuestiones universitarias” se agrupan textos sobre política universitaria y asuntos educacionales

En el segundo tomo “Estética y crítica” contiene textos publicados en el diario El País, así como ensayos y comentarios sobre crítica cultural, filosofía, arte y literatura

En el tercer tomo “Escritos jurídicos y de militancia” se incluyen las defensas como abogado, panfletos, textos colectivos como militante en las diversas agrupaciones y comités, polémicas con otros intelectuales y artículos de la revista “Las comunas”.

En el cuarto tomo “Escritos políticos” abarca los textos de su columna “El difícil tiempo nuevo”, las colaboraciones con “Flecha” y una amplia variedad de escritos sobre política nacional e internacional.

Otro espacio central de su vida intelectual fue el célebre “Sótano de Deodoro”, ubicado en la vieja casona paterna de la calle Rivera Indarte 544. Durante las décadas de 1920 y 1930, el lugar se transformó en el “meridiano intelectual de Córdoba”, un punto de encuentro de jóvenes, escritores, artistas e intelectuales que debatían sobre política, literatura y filosofía, convirtiéndose en uno de los centros más progresistas de la cultura argentina. Visita obligada de las principales personalidades que arriban el país, desde Waldo Frank a Stefan Zweig, desde Eugenio D’Ors a Ortega y Gasset, desde Rafael Alberti hasta Enrico Caruso. Funcionaba como un refugio de debate libre, ideas antiimperialistas, antifascistas y de renovación cultural, alineado con el pensamiento crítico que impulsaba Deodoro Roca. La casa fue incendiada, en forma intencional, en 1976, durante la dictadura, cuando un grupo de tareas buscaba a Gustavo Roca, hijo de Deodoro.

Como artista plástico, en octubre de 1935 se exhiben algunos de sus paisajes de Córdoba en la Galería Nordiska.

Enfermo de cáncer de pulmón, murió antes de cumplir los 52 años de edad.

Un funeral donde lo acompañó una imponente muchedumbre encabezada por el gobernador de Córdoba, Santiago del Castillo, despidieron sus restos entre muchos otros, Fernando Nadra como delegado de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), Gregorio Bermann por la AIAPE y Santiago Monserrat por los reformistas. Rafael Alberti y Raúl González Tuñón le dedicaron poemas y Enrique González Tuñón una elegía.

El Congreso Nacional le dedicó poco después un homenaje, en el que intervinieron Julio V. González y otros legisladores.

En la localidad cordobesa de Ongamira, donde Deodoro Roca tenía su casa de vacaciones, sus amigos erigieron un busto en su memoria. También funciona un museo que lleva su nombre, en la primera sala permite una inmersión en la vida de Deodoro. Se exhibe la máquina de escribir Continental, siendo uno de los pocos objetos que sobrevivió al incendio mencionado, con la que redactó el manifiesto, fotografías (como la de su sepelio, uno de los más concurridos de la historia de Córdoba), pinturas (su maestro fue Octavio Pinto), la cama en la que nació y falleció y mayólicas de su vivienda en la capital cordobesa.

Como vemos fue mucho más que el redactor del Manifiesto Liminar, fue un pensador revolucionario, un crítico de la injusticia y un humanista comprometido con su tiempo.

Su vida y su obra nos recuerdan que la construcción de un mundo más justo exige no solo ideas, sino también acción fraterna y compromiso ético, virtudes que encarnó con claridad ejemplar.

Este Centro Cultural busca continuar ese legado, reafirmando los principios de educación, laicismo y librepensamiento que guiaron su vida.